La
bestia:
Alguna vez les
he confesado el miedo que tengo, por las noches, y más aun cuando el día
todavía continúa presente en mi existencia. Pues mi vida no será de alguna
manera regida por el enfermo monstruos de mil cabezas, con mil mascaras de
hipocresía. Todavía crecen y se alimenta de las mentiras y falsedades, solo lo
que él vive es la realidad, solo lo que él dice se hace, solo lo que él quiere
y cuando quiere se concreta. Hay veces que no puedo soportar este castigo, hay
veces que ciento que ya no puedo soportar más de este infierno.
Estoy unido a
mis sentimientos sin separar, dentro de mi mundo se detiene el espacio y
también el tiempo, el dolor no deja de gritarme por las noches, las noches
están llenas de lágrimas y soledad, de dolor y de frio. No del frió que escapa
detrás de la cortina y de la ventana, sino más del miedo que habita dentro del
alma atormentada, para castigarla con el hielo de la soledad. No lo aguanto a
veces, otras cargo arrastrando con este dolor como si fuera ya mío, para
siempre.
Algunas veces,
no puedo callar internamente la soledad eterna que me hacen sentir los demás.
Me duele en serio, lo oculto. Pero al final una herida tan grande que sangra,
no se puede disimular. Siempre el final empieza a darse antes del inicio. No
conozco bien el inicio de mi tristeza, es que hay tantas tristezas distintas en
la vida. No hay dos soledades iguales en este transito. No existen, no hay deja
vus emocionales. Solo existe el tiempo, que se hace eterno dentro del sueño del
dolor. No debería llamarlo sueño, le quedaría mejor la categoría de pesadilla.
Es una pesadilla
porque no gozo al soñarla despierto, porque yo amo soñar y toda mi vida esta
movida por los sueños. Para ver el amanecer brillar intermitente sobre los
cristales pronto ciegos de mi mirada. Para conocer un rostro en la oscuridad,
que alguien nuevo para mí, me venga a abrazar. Y conocer de nuevo la vida,
porque vivir así no es vivir.
Es duro ser
victima de violencia dentro de tu hogar, más cuando tu hogar, ya no es un hogar
feliz. Cuando los gritos y las amenazas ya no ten dejan soñar. Cuando toda
esperanza de vida se apaga y no queda nada más que la fría y dolorosa soledad
en el reino del silencio.
En la oscuridad
emerge el monstruo que custodia mi dolor, me atrapa me devora, me escupe y me
vuelve a devorar. Y cada vez siento más dolor.
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