jueves, 29 de agosto de 2013

Cuando recordamos el veneno de la vida, todo es posible, hasta levantarse del polvo y resucitar. Claro esta que antes de eso, se tiene que morir... Como yo me muero a diario, toda la vida, a veces es un cruel suplicio que es parte de un gran vació que nunca se llena, que nunca se sirve a sí mismo para hundirse en la miseria de la soledad.
siempre he sido un chico muy solitario, y eso esta muy bien, hasta que alguien siempre me recuerda mi dolor. y la cura es inexistente por mucho tiempo, una cura invisible a un mal silencioso, que me mata con cada día que lo recuerdo, es como el temor que me hace tenerle a la bestia que devora mi dolor. Es más el castigo cuando tengo que verlo con mis ojos, a los demás que tienen a alguien a su lado, alguien especial para compartirlo todo, o nada. No tengo nada más que dolor. Solamente puedo crear como un dios atormentado, condenado a las penas eternas. 
Ahora que les escribo, quiero contarles que me llena de amor confesar este dolor, porque a veces pasas siglos soñando con una persona, cuando hacen falta más vidas para conocer a quien si va a valorar tu sentimiento. A quien si va a respetar tu dolor. Pero lo malo, es que cuando nos sentimos tristes, ya no queremos vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario